Una vida sexual activa reduce en un 50% el riesgo de mortalidad en los varones
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Un estudio revela que los hombres con una "alta frecuencia orgásmica" (aquellos que hacen el amor dos veces a la semana) viven más que los que sólo mantienen relaciones sexuales una vez al mes.

PABLO JAUREGUI

 

"Es bueno que el hombre no toque a la mujer". Estas palabras de San Pablo reflejan el puritanismo sexual que ha caracterizado a la religión cristiana, un puritanismo que ha ejercido y continúa ejerciendo una gran influencia en el mundo occidental. Sin embargo, desde el punto de vista científico, cada vez está más claro que el sexo no es algo pernicioso para la salud, sino todo lo contrario.

Un nuevo estudio acaba de desvelar que, de hecho, los orgasmos pueden alargar la vida de los hombres. Según este trabajo, que se ha publicado en el último British Medical Journal, el riesgo de mortalidad puede reducirse en un 50% en varones que disfrutan de una vida sexual activa (o, en la jerga de los científicos, de una "alta frecuencia orgásmica").

Hasta ahora, la relación entre el sexo y la mortalidad se había estudiado muy poco. Sin embargo, algunas investigaciones iniciales habían sugerido que quizás existía una conexión entre los orgasmos y la longevidad. Por este motivo, el doctor George Davey-Smith y sus colegas de la Universidad de Bristol decidieron realizar un estudio sobre esta cuestión.

En la ciudad galesa de Caerphilly, 918 varones de entre 45 y 59 años se convirtieron en conejillos de indias de este experimento pionero. Entre 1979 y 1983, todos ellos fueron sometidos a un chequeo médico completo y a una entrevista en la que se les preguntó con cuánta frecuencia mantenían relaciones sexuales. Las respuestas a esta pregunta variaban desde nunca hasta todos los días. A continuación, durante 10 años, los investigadores analizaron la salud y los casos de mortalidad en este grupo de hombres.

Cuando concluyó este periodo de investigación, los datos recopilados por estos científicos eran verdaderamente sorprendentes. Cuanto más alta era la "frecuencia orgásmica" de los participantes, más probabilidades tenían de estar sanos y vivos. La probabilidad de morir era un 50% menor entre los hombres que mantenían relaciones sexuales dos veces a la semana que entre aquéllos que sólo hacían el amor una vez al mes.

"La actividad sexual es aparentemente beneficiosa para la salud de los varones", han concluido el doctor Davey-Smith y sus colegas.

Si esta conclusión se verifica con más estudios, los científicos creen que el sexo debería promocionarse en campañas públicas de salud. Es posible, por lo tanto, que en el futuro los mensajes de los médicos a los pacientes no sean sólo advertencias como "¡Cuidado con el colesterol!" o "¡El tabaco causa cáncer!", sino también "¡Haga el amor todos los días!".

Los investigadores señalan que, en muchos casos, las campañas públicas de salud fracasan porque a los pacientes se les pide casi siempre que recorten o abandonen alguno de sus placeres favoritos: la comida, la bebida, las drogas, etcétera. Sin embargo, al menos en este caso, si se confirmase que el sexo puede ser algo positivo para la salud y la longevidad, el mensaje de los médicos no sería un nuevo sermón desagradable, sino todo lo contrario. Evidentemente, una buena receta de erotismo no puede ser un jarabe amargo para nadie.

Sin embargo, como casi siempre ocurre, en el propio British Medical Journal ya han surgido algunas voces escépticas que han criticado las conclusiones del estudio realizado en Gales. Según dos expertos de la Escuela de Medicina de King' s College, es muy posible que, en realidad, muchos varones estaban débiles o enfermos desde el principio, y que por este motivo mantuvieron menos relaciones sexuales.

Si esto es así, el alto nivel de mortalidad que se detectó entre los hombres sexualmente inactivos se debió probablemente a su propia vulnerabilidad fisiológica, no a una carencia de orgasmos. En otras palabras, quizá lo que ocurrió en muchos casos no fue que la inactividad sexual provocó la enfermedad, sino que la enfermedad provocó la inactividad sexual.

De cualquier forma, estos investigadores del King' s College consideran que quizá los médicos deberían empezar a revisar sus típicas recomendaciones sobre algunos hábitos peligrosos. Este nuevo estudio sobre el sexo, y otros que han aparecido recientemente sobre los efectos positivos del alcohol, quizá deberían hacer reflexionar a los médicos sobre su hostilidad hacia los placeres de la vida.

Al fin y al cabo, como dicen estos investigadores, hoy en día parece como si todo lo que nos gusta "o es ilegal o engorda o provoca cáncer en ratones". Sin embargo, ellos mismos reconocen que quizás la filosofía hedonista no es totalmente absurda, y ante las nuevas conclusiones sobre el sexo y el alcohol, incluso se plantean la siguiente pregunta: "¿Deberíamos empezar a recomendar a nuestros pacientes una vida de sexo, drogas y rock and roll, por los beneficios que podrían tener para la salud?"

Mitos

Muchas culturas, incluyendo la cristiana, han creado toda clase de mitos y prohibiciones en torno a los placeres de la sexualidad. Los Huli de Nueva Guinea, por ejemplo, creen que es un peligro mortal sucumbir a los deseos eróticos de las mujeres, y que el contacto sexual sólo puede tener lugar con el objetivo de la procreación. En algunas poblaciones del norte de la India, se considera que cualquier pérdida de semen debilita al hombre, y provoca irritaciones en la piel, pérdida de concentración, ansiedad, dolores de cabeza e incluso mal aliento.

Pero a pesar de todas las fábulas que se han inventado por todo el mundo sobre el placer sexual, tanto en Occidente como en otras civilizaciones, los últimos datos científicos sugieren que en realidad los actos carnales de amor revitalizan al ser humano y le ayudan a mantenerse fuerte. Quizá, como han escrito Anthony Cleave y Simon Wessley en el British Medical Journal, los médicos tendrán que enfrentarse a una paradoja que no es fácil de resolver: "Lo que creíamos que era malo para vosotros quizá sea algo bueno después de todo, pero a lo mejor no es conveniente que os lo digamos, porque podríais acabar abusando de ello, y con toda seguridad no es recomendable que os lo digamos si ya soléis hacerlo con demasiada frecuencia (asumiendo que estamos de acuerdo sobre el significado de demasiada frecuencia)".